Los caramelos son como la vida misma… algunos son dulces, otros más amargos, y otros… no sabes de qué sabor son… Ahora mismo estoy saboreando un caramelo bastante raro… con un gran sabor a dulce, pero con un cierto toque amargo…
Es un caramelo único… tras probarlo he congeniado con él a la perfección; un caramelo que, en cuestión de muy poquito tiempo, su sabor ha conectado muy bien conmigo, incluso he podido comunicarme con él y todo… Y os puedo garantizar que en un sólo día he llegado a estar enganchado a ese sabor, esa textura, esa cremosidad… más de 4 horas y sin llegarme a empalagar. Resultaba extremadamente adictivo. Me encantaba sentir como se deshacía en mi boca, y (creo) que también al caramelo también le gustaba que yo lo saboreara con ímpetu; tanto me gustaba que cuando tocaba dejar de comer el mismo caramelo una y otra vez, me costaba, nunca me empalagaba con él; yo y el caramelo teníamos muchas cosas que decirnos, nos contábamos intimidades… ¿Habría encontrado un caramelo con alma, y ésta fuera una nueva alma gemela?
Peeeeeeero… la suerte es caprichosa. Igual que te puede sonreir, te puede abandonar… a pesar de su delicioso sabor, he llegado a percibir una sensación amarga… y es que ese caramelo sólo se fabrica, de momento, en un lugar alejado de donde vivo, y las existencias actuales del mismo son escasas. Tengo experiencia en degustar (más de 3 años) un mismo caramelo cuya producción también se situaba en un lugar alejado y la empresa proveedora no tenía nunca claro cuando iban a trasladar la producción… y eso, a la larga, hizo que no pudiera degustar
Sin embargo, y a pesar de las circunstancias, he descubierto algo… y lo que he descubierto es el tipo de caramelo con el que realmente me gustaría compartir mi vida: un caramelo con el que pueda conversar y le guste hablar conmigo, con el que se pueda hablar de absolutamente todo sin tapujos, un caramelo inteligente y analítico que no se quede simplemente con la realidad que ve, sino que busque profundizar en la realidad que la envuelve y mire más allá de sus ojos, que se pregunte cosas, que tenga inquietudes, y que le guste compartirlas con los demás (y si me elije a mí para ello, mejor
). Pero por desgracia, la mayoría de “dulces” que he probado son tan tímidos que hay casi que arrancarles los temas y las palabras con material quirúrgico, y convierte al tipo de caramelo que tan buen momento sensorial me ha hecho experimentar en un “oasis”.
He alcanzado un oasis dónde me hubiera gustado asentarme… pero este largo sendero, que es la vida, me obliga a tener que retomar mi viaje a través del desierto… ¿Cuánto tiempo tardaré en encontrar un oasis donde pueda quedarme a vivir? No lo sé… sencillamente, no lo sé… Aunque lo único que sé es que quiero poder visitar contínuamente este oasis que acabo de encontrar, porque es rico en agua y minerales y sólo le pido a “loqueseaqueexisteporahí” que jamás se seque y que pueda seguir bebiendo de sus dulces aguas.
PD: Cielos, intentando mantener la metáfora del caramelo, qué post más empalagoso me ha salido xD

Últimamente estoy atravesando una época no demasiado buena, y me he sentido con la necesidad de tener que encontrar nuevas amistades con las que salir, pasarlo bien, desestresarme, compartir… y una amiga me recomendó 





