La verdad es que siempre lo había pensado y tenido presente, pero nunca me había decidido a escribirlo y compartirlo en mi blog a la vista de todos. Ayer teniendo una conversación con una chica, me ha venido la inspiración para poder estar hoy aquí, vestido de gala, a hablaros del tema de la curiosidad y las personas.
Como os digo, hablando de esto, acerca del tipo de personas que me gusta tener a mi lado y con las que mejor me compenetro le contesté de una forma simple y llana “Quiero a mi lado una persona curiosa“. La chica se quedó un poco sorprendida diciendo “¿eing?” (supongo que cualquiera hubiera dicho lo mismo). Pero detengámonos un poco en analizar las implicaciones que comporta en una persona la palabra la virtud “curiosa”.
A lo largo de mi vida he conocida mucha gente, y con la que mejor me he llevado y entendido ha sido con personas que han mostrado curiosidad por casi todo: su vida y su entorno, la vida de los demás y su entorno, intentar comprender qué ocurre y por qué ocurren las cosas, una insaciable sed de conocimiento… Toda esa curiosidad y esas ansias por aprender no sólo de uno mismo sino de los demás y de todo lleva a la persona a ser más empática, a poder entender mejor los problemas de los demás, a crecer como mejores personas con buena capacidad para empatizar. Además, las personas curiosas acostumbran a ser más inteligentes y con mejor capacidad comunicativa que las personas que les importa poco la vida de los demás. Es una especie de ciclo: si soy curioso, aprendo; si aprendo, tendré más conocimientos y seré más inteligente; si soy más inteligente, podré comprender mejor otras cosas y podré hablar y compartir mis conocimientos con otras personas; al discutir con estas personas y conocer sus diferentes realidades y forma de ver las cosas, tendré curiosidad por profundizar mejor estos mundos, y así sucesivamente (y de paso, seguro que te llevas una hermosa experiencia y conoces a gente interesante).
Óbviamente si no estás acostumbrado ni a hablar de ti ni a escuchar a los demás… no tienes desarrollada ésta gran virtud, aunque en mi opinión… estoy convencido que no tiene que ser difícil poder ser una persona curiosa. Simplemente se trata de tener un poco de paciencia: paciencia para invertir parte de tu tiempo en escuchar e intentar ponerte en el lugar de alguien (y si no lo consigues, preguntar hasta descubrir como ponerte en ese lugar); y paciencia para explicar a las personas acerca de algo que te tenga (quién no tenga preocupaciones ni dudas sobre nada, que tire la primera piedra). Óbviamente si encuentras a una persona con la que puedas establecer esta relación de “simbiosis”, tendrá muchos números de poder ser un gran amigo, pareja, etc…
¡Sé curioso, amigo mío!







